El “infantinocidio”
La verdad es que antes de que comenzase el Mundial de fútbol pensaba que debido a la diferencia horaria vería menos partidos de los que he acabado mirando. Si bien al comienzo de las eliminatorias había encuentros de poco interés, como puede ser un Uzbekistán - República del Congo, a medida que avanzaban las jornadas se fueron descubriendo algunos equipos, especialmente africanos, que han dado la sorpresa por la calidad de su juego.
Quiero destacar el “buenrollismo” entre aficiones, en contraposición a los enfrentamientos brutales a los que nos tienen desgraciadamente acostumbrados los hooligans en las competiciones europeas y domésticas de Europa y Sudamérica. Por lo visto junto a las selecciones no se forman grupos violentos en el Mundial como los que se organizan con los colores de los clubs. fish-roadgame.online
En lo extradeportivo, leímos el exceso de celo de las fronteras estadounidenses y la expulsión y deportación del somalí Omar Artan, mejor árbitro de África (2025); pero eso fue poca cosa hasta que llegó el episodio en el que Donald Trump ordenó retirar la sanción impuesta a Balogun por una entrada digna de roja directa que le suponía no poder jugar la eliminatoria frente a Bélgica.
Pues bien, al presidente de la FIFA Gianni Infantino le faltó tiempo para obedecer las órdenes del todopoderoso presidente y posponer la sanción “para si eso más adelante”. Con esa bajada de pantalones el sumiso Infantino ha cavado la tumba de su reputación y ha quedado como un mediocre puesto a los pies de Trump, el cual, por cierto, y eso no sé si Infantino se lo esperaba, apareció ante la prensa alardeando abiertamente de su llamada al presidente de la FIFA: para que se le retirara una sanción que no debía habérsele impuesto porque la falta no fue tal y, por si fuera poco, para comentar que consideraba al árbitro brasileño Raphael Claus un sospechoso al que no se le debería de dar crédito.
Enigma Raphinha: el Al Hilal, obsesionado con su fichaje y el Barça espera
Es ya una obsesión. El Al Hilal quiere cerrar sí o sí el fichaje de Raphinha durante este mercado de fichajes y está dispuesto a darle un cheque en blanco al futbolista para convencerle. El club saudí lleva tiempo tras el brasileño y así lo ha comunicado al Barça aunque necesita el OK del futbolista para realizar la operación y, por ahora, parece que el brasileño desea seguir, al menos, un año más en el Camp Nou.
El periodista Fabrizio Romano explicó que el nombre de Raphinha se ha convertido en prioridad absoluta del Al Hilal para reforzar al equipo y estarían en disposición de presentarle una oferta récord al jugador. Raphinha, que se encuentra de vacaciones tras su eliminación del Mundial, no ha querido escuchar a los saudís a pesar de la insistencia y en el Barça están pendientes de una última charla con el futbolista.
Por lo que tienen entendido en la dirección deportiva del Barça, Raphinha desea seguir vinculado al proyecto de Hansi Flick tras un año amargo por las lesiones, que le han ido acompañando hasta el Mundial. Se siente arraigado al club y desea tener una última oportunidad para ganar la Champions. Es una figura importantísima dentro del vestuario, aunque su contrato expira en el 2028 y habrá que ver la decisión que tome el atacante blaugrana.
La idea del Barça es respetar la decisión final que tome Raphinha. Flick le quiere, pero también entienden que si da el paso de ir hacia Arabia Saudí se le abrirán las puertas. El club blaugrana ya se ha avanzado a acontecimientos para este verano o el siguiente firmando a Anthony Gordon, por lo que consideran la posición bien cubierta en caso de fuga. Hay cierta tranquilidad en este tema, pero no hay la seguridad total de su continuidad al cien por cien.
El Al Hilal estaría dispuesto a pagar más de 80 millones de euros de traspaso al Barça por Raphinha y el futbolista podría percibir un salario de unos 50 millones netos por temporada. Una auténtica barbaridad. Raphinha ya pactó un contrato corto en su renovación y tiene un salario asumible para el club blaugrana.
En las últimas semanas se ha especulado mucho sobre su futuro, pero tanto Raphinha como su entorno se han mostrado tajantes desmientiendo cualquier posibilidad de salida. Incluso es un tema que está molestando a su entorno. Lo que sí intentará el Al Hilal es reunirse personalmente con él para intentar el sorpasso y convencerle con un contrato histórico. Por ahora, calma.
Bienvenidos al show de Conor McGregor: el hijo pródigo de la UFC vuelve cinco años después
Entre el éxtasis, la polémica y el escepticismo. Así llega el mundo de la UFC al regreso de Conor McGregor, la mayor estrella que ha pasado jamás por el octágono. Admirado por muchos y odiado por otros tantos, el irlandés fue capaz de llevar las artes marciales mixtas a otra dimensión y convertirse en uno de los deportistas más mediáticos del planeta.
‘The Notorious’ llegó incluso a liderar la lista Forbes de los deportistas mejor pagados en 2021, por delante de nombres como Leo Messi y Cristiano Ronaldo, algo que explica bastante bien el tamaño del fenómeno. Pero el McGregor peleador lleva casi un lustro desaparecido. Su última pelea fue en el UFC 264, ante Dustin Poirier, una noche amarga en la que sufrió una grave lesión en la pierna y que abrió una etapa larguísima de inactividad.
Ahora, más de 1.800 días después, Conor regresa este 11 de julio para enfrentarse a Max Holloway en el UFC 329, en el T-Mobile Arena de Las Vegas. No es un rival cualquiera. ‘Blessed’ es excampeón del peso pluma, antiguo campeón BMF y uno de los nombres más respetados de la UFC. También es un viejo conocido para McGregor, que ya le derrotó en 2013, cuando ambos todavía estaban muy lejos de ser lo que son hoy.
Un regreso con muchas capas
De cinturones, el irlandés sabe bastante. Conor fue campeón del peso pluma en 2015 con aquel KO a José Aldo en solo 13 segundos, una de las imágenes más conocidas en la historia de la UFC. Un año después, en el Madison Square Garden, volvió a tocar el techo al finalizar a Eddie Álvarez y convertirse en el primer doble campeón simultáneo de la compañía.
Seguramente fue el último gran momento deportivo de McGregor dentro del octágono. A partir de ahí, la superestrella que había enganchado a medio mundo empezó una etapa mucho más irregular, marcada por derrotas, lesiones, polémicas, problemas judiciales, alcohol y todo lo que ha ido rodeando su figura durante estos años.
Durante esta Fight Week, sin embargo, se ha visto a un Conor más calmado. Menos pasado de vueltas, más centrado en hablar de la fe, la familia y la vuelta a la actividad deportiva. Ha repetido que quiere dejar atrás ciertos problemas del pasado y volver a sentirse peleador. “Por el amor al deporte, a mi obra”, dijo cuando le preguntaron por sus motivaciones para volver.
La realidad es que McGregor no tiene demasiado que perder este sábado. Su legado económico y mediático ya está escrito, y su sitio en la historia de la UFC no depende de una sola noche. Pero sí hay una pregunta importante encima de la mesa: saber si todavía queda algo del peleador que cambió la compañía.
La gran duda: cuánto queda del viejo Conor
La pelea será en el peso wélter, una categoría más cómoda para el irlandés en este momento de su carrera. McGregor ha aparecido fuerte, bien instalado en las 170 libras y aparentemente más tranquilo a nivel mental. Pero todo eso tendrá que verse dentro del octágono.
En su mejor versión fue uno de los strikers más peligrosos de la UFC: preciso, rápido en los contragolpes, muy bueno leyendo la distancia y con una izquierda capaz de cambiar una pelea en cualquier momento. Ahora la duda es cuánto conserva de todo eso. El tiempo fuera, la edad, la lesión y la falta de ritmo competitivo pesan. No es lo mismo entrenar bien que volver a una pelea de cinco asaltos contra Max Holloway.
Y ahí está el gran problema para Conor. Enfrente tendrá a un peleador que parece hecho para castigar cualquier bajón físico. Holloway tiene volumen, cardio, experiencia y una capacidad enorme para absorber daño y seguir avanzando. No suele regalar minutos y, cuando la pelea se alarga, normalmente empieza a crecer. Si McGregor no encuentra algo importante en los primeros asaltos, el combate puede irse poco a poco hacia un terreno muy incómodo para él.
Por eso, las opciones de ‘Mystic Mac’ parecen pasar por volver a lo que mejor hacía: controlar la distancia, no entrar en intercambios largos, castigar pronto y encontrar una mano clara antes de que Max coja ritmo. Un triunfo de McGregor cambiaría por completo el panorama de la UFC, porque con Conor de por medio cualquier victoria grande se convierte automáticamente en un debate de cinturón, revancha o superpelea.
Holloway no es una vuelta cómoda
La elección de Holloway no tiene nada de sencilla. Max representa justo lo contrario a un regreso tranquilo. Es resistente, tiene ritmo, boxeo, experiencia y una barbilla que le ha permitido sobrevivir a algunas de las peleas más duras de los últimos años. No pudo ante Ilia, pero eso no quita un ápice de su buen mentón. Además, también llega con sus propias motivaciones después de perder el cinturón BMF en su último combate ante un Charles Oliveria que consiguió dominarle a ras de lona, una estrategia por la que no tendrá que preocuparse este sábado.
Para McGregor, ganar a Holloway sería mucho más que volver. Sería demostrar que todavía puede competir contra un nombre de élite y que su regreso no se queda solo en el evento mediático. Para Max, una victoria serviría para cerrar una cuenta pendiente de más de una década y sumar el nombre más grande posible a su historial. El cheque será suculento y si además te llevas la victoria, 'olé'.
El careo entre ambos fue, como era de esperar, intenso. Conor volvió a tirar de esa mezcla de seguridad, provocación y espectáculo que tantos pagos por evento ha vendido durante la última década. Se encaró con Holloway, lanzó sus gafas por los aires y dejó otra imagen de esas que ayudan a calentar una pelea.
Lo ames o lo odies, el regreso de Conor McGregor vuelve a poner a la UFC en el centro de la conversación. La duda ya no es si la gente quiere verle. Eso está claro. La duda es si, después de tantos años fuera, todavía puede volver a ganar una pelea de este (primerísimo) nivel. El último rival de entidad al que Conor venció por última vez fue Eddie Álvarez hace más de diez años. No es poca cosa.
Edu Espiau, muy cerca de reforzar el ataque del Real Zaragoza
Edu Espiau está cerca de convertirse en nuevo jugador del Real Zaragoza, ya que tiene la oferta zaragocista, que sería por dos temporadas, y está convencido en ser una de las referencias del equipo en Primera RFEF. El atacante canario se encuentra libre tras acabar su etapa en el Arka Gdynia de Polonia y desea regresar a España, donde ha militado en el Villarreal B, en Las Palmas, en la Ponferradina y en el Burgos, con 184 partidos en Segunda y 18 goles.
A sus 31 años y tras anotar seis goles en 29 partidos en la Ekstraklasa, además de uno en la Copa de Polonia, apunta Espiau de ser uno de los dos delanteros que, pendiente de la salida segura de Samed Bazdar, quiere fichar Lalo Arantegui para el Zaragoza, con Jesús de Miguel, delantero del Tenerife y por el que el club canario pide traspaso, como el otro deseado en ataque, aunque en esa operación habrá que esperar, seguramente al final del mercado. Con De Miguel y Espiau, además de Pau Sans, de regreso de su cesión en el Cracovia, el Zaragoza completaría su delantera.
Espiau, que llegó Arka Gdynia tras acabar la campaña 24-25 en el Burgos, donde estuvo dos años, jugando 83 partidos oficiales en el conjunto castellano-leonés, es un atacante con mucha movilidad y que va bien al desmarque, un punta que puede jugar como referencia única o con otro futbolista. Nacido en Las Palmas de Gran Canaria (19-12-1994) comenzó su carrera profesional en la temporada 17-18, en el tercer equipo del entramado UD Las Palmas. Rápidamente, en las dos temporadas siguientes, se hizo un hueco en el filial, anotando 12 dianas en 43 partidos. Las dos buenas temporadas que protagonizó en las islas le hicieron viajar a la península a los 24 años para unirse a las filas del submarino amarillo. Con el filial groguet siguió destacando, llegando a aportar 9 tantos y 2 pases de gol en 27 encuentros.
Este año en el Villarreal B llevó al ariete a dar el salto al fútbol profesional. El equipo insular recuperó al jugador en dinámica de primer equipo y la temporada 20-21 disputó 29 partidos con la elástica amarilla, en los que anotó 2 dianas. Con toda una temporada en Segunda División ya a sus espaldas, a comienzos de la 21-22 la SD Ponferradina apostó por él, jugando dos cursos (21-22 y 22-23) y acumulando 12 goles y 5 asistencias en 81 encuentros en el combinado berciano antes de aterrizar en el Burgos en el verano de 2023.
