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El Celta saca los pasos prohibidos a golpe de julio

Es el verano tiempo de despreocupaciones. De aflojar las ataduras del resto del año. De dejarse llevar. Dependiendo de la edad, el ánimo y la condición, las fiestas aumentan. Con ellas, el bailoteo. No suele ser exactamente así en el fútbol, con las pesadas pretemporadas que los futbolistas asumen con resignación y con partidos programados para desperezarse. Antes, desde luego, era así. Pero los tiempos cambian. Y la modernidad trae temporadas que se empalman unas con otras, en las que el descanso, el trabajo progresivo y los esfuerzos controlados se difuminan. Así sucedió ayer en Braga, donde el Celta bailó con el equipo local al ritmo más alto de las verbenas estivales. La relativa importancia del resultado se mantiene vigente y el irrelevante empate fue lo único que se mantuvo fiel al estilo vetusto de antaño.

Porque en cuanto el árbitro pitó el comienzo, la nostalgia se quedó únicamente en la camiseta azul retro que este año ejercerá de segunda equipación céltica. En los tiempos del uniforme original se quedaron los kilos de más al empezar la pretemporada, el remoloneo en el trabajo -incluidas algunas sorprendentemente oportunas lesiones musculares- y los partidos disputados al trote cochinero. Desde el primer momento, el Celta fue competitivo. A ritmo alto. Seguramente lejos de la velocidad que alcanzará en el curso, pero mucho más de la que se tenía en pretemporadas pretéritas. Así, con una presión alta, los de Claudio dañaron a un sorprendido Braga. Burcio, uno de los dos titulares del Fortuna junto a Hugo González, se tiró una pared con Jutglá antes de servir en profundidad para Swedberg. El zurdazo del sueco murió en las manos de Hornicek.

Fue el aviso de que el cuadro celeste iba en serio. Buen tono físico, circulación de balón veloz con Febas luciendo en su estreno y el ya mentado Burcio y Hugo González reclamando su sitio desde el histórico Fortuna. El atacante valenciano enseñó su magnífico golpeo a balón parado antes de abrir la cuenta goleadora de la pretemporada en juego corrido. Un derechazo seco y potente tras un pase atrás de Swedberg, que entró en la portería local tras hacer una violenta escala en el palo izquierdo.

Pero hay cosas que nunca cambian. Con poco más de una semana de entrenamiento, es imposible mantener el tono mucho tiempo. El Celta decayó en el tramo final del primer acto y el Braga empató con un cabezazo de Carvalho. Horta ya lo había intentado antes.

El segundo tiempo trajo cambios masivos, el debut de Somuah junto a Marcos, Arcos y Joel y un pequeño bajón en la velocidad del partido. Y otro gol desde la esquina del Braga. Esta vez de Jonatas.

Pero el Celta no se rindió. No se dejó ir. Eso son cosas de las pretemporadas del pasado. Ya con Aspas y Miguel Román en el campo -con una buena ocasión para cada uno-, los vigueses apretaron y encontraron el empate en un cabezazo de Carlos Domínguez en un córner. Era la última acción del partido. Una danza de ritmo alto, en el que el Celta ya dejó entrever los pasos prohibidos. Y eso que el baile acaba de empezar.

Fuente original: www.sport.es →